Santa María de Huerta, panteón de la nobleza castellana

María Teresa López de Guereño Sanz

Resumen


El monasterio de Santa María de Huerta se convirtió, durante la Edad Media, en la morada eterna de miembros de las más nobles familias castellanas. Desde el último tercio del siglo XII, la comunidad hortense recibió por parte de ellos fuertes ingresos para ejecutar sus obras, a condición de que se les concediese sepultura entre sus muros. Los monjes, a su vez, y en agradecimiento a las donaciones de sus benefactores, se obligaban a rezar por sus almas y custodiar sus sepulcros. En la iglesia, Martín de Finojosa, Rodrigo Jiménez de Rada y los Condes de Medinaceli; en el claustro, anhelando un enterramiento de prestigio, las familias de los Molina, Bera, Montuenga, etc., contribuyeron con sus donaciones y sepulcros a hacer realidad el esplendor de la fábrica monástica y, al mismo tiempo, al alejamiento del ideal monástico de pobreza y austeridad promulgado por los fundadores de la orden

Palabras clave


Arquitectura Monástica. Claustro. Panteón. Sepulcros. Arcosolios

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DOI: http://dx.doi.org/10.18002/da.v0i6.1516

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